lunes, 24 de septiembre de 2007

Época de parciales.

Es como cuando te subís al Samba y aunque estés mareado, con ganas de vomitar y rogando a Dios y a todos los santos que lo acompañan, seres canonizados o en vías de, beatos, vírgenes, apósteles, a todos les pedís que lo paren, que te querés bajar, que no aguantás más. Y te escuchan y tus ruegos se cumplen, pero con cierto retraso. Y el Samba para, pero sólo después de transcurrido el tiempo estipulado. Como el cronograma lo indica. En un tiempo pautado que es siempre el mismo y que difícilmente se modifique por acción de tus súplicas a seres terrenales y de los otros. Pero está bien. Porque lo bueno es saber que se acaba, que cuando termine el alivio se va a volver a instalar en las rodillas. Y nos vamos a volver a sentir fuertes.
Vaya metáfora.
No, chicos, no. No soy Jorge Luis.
Mi nombre es Marina, el apellido de mi papá es Pereyra.
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C'est suffit.

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